miércoles, 24 de julio de 2013

Maquiavelo, el bueno. EL PRÍNCIPE, 500 AÑOS DESPUÉS. Por: Hernán D. Caro. ARCADIA Julio 18, 2013

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Fecha: 24 de julio de 2013 18:14
Asunto: Maquiavelo, el bueno. El príncipe, 500 años después / ARCADIA Publicado el: 2013-07-18
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EL PRÍNCIPE, 500 AÑOS DESPUÉS


Maquiavelo, el bueno




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Maquiavelo, el bueno


Maquiavelo

El príncipe, 500 años después


Si bien solo fue publicado en 1531 de manera póstuma, Maquiavelo escribió su famoso tratado El príncipe hace 500 años, en 1513, mientras estaba recluido en su casa en San Casciano, tras salir de prisión, acusado de conspirar contra los Medici. Pero ¿era acaso Maquiavelo un hombre tan malo? ¿Merecía ese destino su nombre, el de encarnar la conjunción de inteligencia y maldad?


Por: Hernán D. Caro. Berlín.

ARCADIA Publicado el: 2013-07-18 , http://www.revistaarcadia.com/impresa/libros/articulo/maquiavelo-bueno/32430

Las palabras tienen vida propia. Uno dice “dantesco” y se imagina un caldo sanguinolento de cuerpos descuartizados y gritos horribles de almas condenadas al sufrimiento eterno. Dice “kafkiano” y piensa en un deprimente laberinto de oficinas, en una fila interminable y absurda para hacer un reclamo en un banco. Dante, sin embargo, pensaba que había escrito en la Divina comedia una alegoría piadosa sobre la aventura del alma hacia Dios, y Kafka les leía a sus amigos sus novelas muerto de la risa.
Algo parecido ocurre con la palabra “maquiavélico”, que simboliza en nuestros días todo comportamiento cruel, falso y malicioso entre personas poderosas. Y no se trata de una tendencia reciente: ya en el siglo xvi Shakespeare hablaba de “Maquiavelo el asesino”, y en su fenomenal Diccionario de lugares comunes, Flaubert definía “Maquiavelismo” irónicamente como: “Palabra violenta y terrible, que debe ser mencionada temblando”. Es muy probable que Maquiavelo mismo, el culpable de todo ese revuelo, tuviese en mente algo mucho menos dramático.
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De: Carlos Vidales

Fecha: Estocolmo ,  24 de julio de 2013 20:05
Asunto: Re: Maquiavelo, el bueno. El príncipe, 500 años después. ARCADIA Publicado el: 2013-07-18
Para: NTC ntcgra@gmail.com

Mil gracias por ese envío.

En Europa, hace ya tiempo que se reconoce el mérito histórico de Maquiavelo como fundador de la política (o de la politología) moderna: fue él quien, primero que nadie en Occidente, explicó con frío razonamiento que la política no es una actividad que depende de la suerte o del destino, o de los augurios, como creían los griegos y romanos, sino del cálculo racional y del estudio de las fuerzas, las mentalidades, los intereses, los apetitos y las motivaciones de los grupos sociales. Esto fue detalladamente analizado por Antonio Gramsci en sus Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el estado moderno, escritas en la cárcel y publicadas después de su muerte.
En Colombia, Luis Vidales fue el primero en reivindicar el nombre y la obra de Maquiavelo, explicando que los escritos y la acción política del pensador florentino como secretario de la Cancillería durante el período de la república popular gobernada por el Consejo de los Quinientos, significaban el triunfo de la racionalidad sobre la superstición y el dogma, abrían el camino al estudio de la política como un ejercicio de indagación científica e incorporaban los conceptos de "opinión pública", "análisis de las correlaciones de fuerzas", "límites sociales del poder absoluto" y otros factores objetivos y subjetivos cuyo estudio era obligatorio para quien se ocupara de los problemas del poder y de la política. Luis Vidales escribió una "Defensa de Maquiavelo" (Notas para un juicio, Revista de las Indias, No. 8, agosto de 1939, pp. 30-52), en el cual intentaba demostrar que los prejuicios antimaquiavélicos son infundados, irracionales, monacales, clericales. Un poco más tarde, en plena guerra mundial, en un suplemento dominical de El Tiempo (23 de junio de 1940), se publicó otro ensayo de Vidales titulado "De Nicolás maquiavelo a los Dictadores Totalitarios". En él dice: "Maquiavelo surge hoy en todo el señorío de su pensamiento, como el mayor racionalista de una era que todavía conservaba en sus entrañas la ausencia de espíritu crítico de la Edad Media". Y, comentando la obra del genio florentino, dice que es "el análisis histórico más desprovisto de prejuicios que se haya conocido". Luis Vidales es el primer pensador colombiano que llama la atención sobre la revolución intelectual que Maquiavelo encarna, como ideólogo del racionalismo científico frente al dogmatismo medieval, es decir, como el pensador que proclama que el arte de la política es el resultado de un proceso intelectual, de cálculos racionales, no el fruto de los caprichos de algún Dios.

NTC ... Enlace: El Tiempo, 23 de Junio de 1940suplemento dominical,  ensayo de Luis Vidales titulado 
"De Nicolás maquiavelo a los Dictadores Totalitarios".
Imágenes ampliables y legibles más  adelante
Siempre me ha llamado la atención, y no puedo negar que me enorgullece mucho, saber que Luis Vidales escribió estas cosas sin haber leído a Gramsci, es decir, que concibió estas ideas sin otro apoyo que el de sus lecturas de la historia y su capacidad de razonar críticamente sobre todo lo habido y por haber, como recomendaba Marx. He dicho, en un escrito de refutación a un ensayo vulgar, plagado de ignorancias, que intentaba arrojar manchas sobre la figura de mi padre: "Por esos mismos años, el genio admirable de Antonio Gramsci escribía lo mismo en sus cuadernos de la cárcel, y se da el caso de que Vidales, en la aldea monacal y cretina de Bogotá, coincidía con Gramsci sin haber tenido la posibilidad de comunicarse con él (los textos gramscianos se publicaron recién en 1949, bajo el título Note sul Machiavelli, sulla politica e sullo Stato moderno, por la ed. Einaudi). Colombia debería sentirse orgullosa de haber parido un intelectual como Luis Vidales, en lugar de seguir arropando prejuicios mezquinos bajo las sotanas de los curas."
Ahora bien, a mi juicio, el artículo de Hernán D. Caro que publica Arcadia tiene un defecto muy grave y muy común: no menciona ni por asomo la obra más importante de Maquiavelo (depués de su copiosa y genial correspondencia, claro), que ningún autor colombiano cita nunca, vaya uno a saber por qué. Me refiero a sus voluminosos Discursos sobre la primera década de Tito Livio (Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio), obra imprescindible para la comprensión cabal del genio florentino, precisamente porque fue escrita para explicar lo que debe hacer una república, no un príncipe, para perdurar y progresar. Escritos con extraordinaria elegancia y sencillez pedagógica (conjunción de virtudes que, en nuestro medio retórico y veintejuliero suelen ser incompatibles), los Discursos deberían ser leídos y estudiados por todo aquel que pretenda transitar el laberinto de la política moderna con espíritu democrático y republicano. De nada ha valido que la revolución cubana haya incluído estos Discursos en la magnífica edición de las obras de Maquiavelo (Obras Políticas, La Habana, 1971) para sacar de la pereza mental a muchos de nuestros políticos de izquierda y moverlos a estudiar en serio el arte de la política. Es en los Discursos, más que en El Príncipe, donde se descubren con claridad los conceptos democráticos y los entusiasmos populares del genio florentino; y es allí, más que en ninguna otra obra de Maquiavelo, donde se encuentran las claves de su método de análisis racional, que anticipa el humanismo, el racionalismo cartesiano de la duda metódica y los principios de la investigación científica moderna de los siglos siguientes.
Maquiavelo es, pues, fundador y pionero de las Ciencias Políticas. Al analizar las motivaciones de los grupos sociales, anticipa el análisis socioeconómico de Carlos Marx. Cuando dice que "donde hay igualdad de fortunas no puede haber tiranía y donde hay gran desigualdad de fortunas no puede haber libertad", abre el camino al análisis que conducirá a Marx a la convicción de que "es el ser social del individuo el que determina su conciencia [y su conducta social]". Y, para no abundar demasiado, cuando dice que los líderes y grupos tienen "apetitos", abre las puertas a la construcción del concepto "intereses de clase".
El eterno retorno de las analistas a El Príncipe, por eso, marca la ceguera de clase de quienes solamente ven en la política la presencia y la acción de los líderes, de los caudillos, de los caciques, de los jefes. Y, al mismo tiempo, pone al descubierto la ignorancia ilustrada de quienes solamente han leído El Príncipe porque así lo han dictado la iglesia, el dogma, Napoléon, la reina Cristina y cuanto emperador o caudillo, monarca o cacique se han dignado escribir notas al margen de la obra política menos importante del secretario florentino.
El gran protagonista del pensamiento de maquiavelo es el pueblo, no el príncipe. Y al pueblo no le dedica ruegos, procesiones ni esperanzas de milagros, sino enseñanzas racionales, claras y pedagógicas.
Finalmente, algunas palabras sobre el idioma de Maquiavelo. El prodigioso estilo de los Discursos, escritos en lengua florentina de fines del siglo XV, solamente es superado por la belleza narrativa de su Historia de Florencia (Alfaguara, Madrid, 1978) que, escrita bajo el título de Istorie fiorentine, es su última obra y constituye su testamento espiritual. Es su canto del cisne.

Nicolás Maquiavelo murió en 1527, en su casa de campo cerca de Florencia.
Saludos muy cordiales.
Carlos Vidales

Estocolmo, julio 25 de 2013

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NTC ...  ENLACES: 

El Tiempo, 23 de Junio de 1940 suplemento dominical,  se publicó otro ensayo de Vidales titulado "De Nicolás maquiavelo a los Dictadores Totalitarios".
http://news.google.com/newspapers/p/eltiempo?nid=N2osnxbUuuUC&dat=19400623&printsec=frontpage&hl=es
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El Tiempo, 23 de Junio de 1940 Página 1a.
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domingo, 14 de julio de 2013

EL PSICOANÁLISIS Y EL SIGLO XX. Por Alfredo Reyes C.

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EL PSICOANÁLISIS Y EL SIGLO XX 

Por Alfredo Reyes C.
Foto (Jul. 13, 2013): MICRo de  NTC …

Texto leído * por el autor en el evento 
 Cali, Julio 13, 2013


El Psicoanálisis es un acontecimiento en la historia de la  Cultura Humana.

A finales del siglo XIX, las angustias de un neurótico no tenían la posibilidad de ser atendidas por el pensamiento racional, como sí lo empezaban a ser otras formas del padecimiento humano, como las enfermedades del cuerpo.

La ciencia de la época sólo podía definir la neurosis histérica como un trastorno de las células cerebrales o como una simulación.

El padecimiento histérico no podía aspirar a ser entendido como un resultado de determinados procesos y el Psiquismo mismo carecía de una teoría general sobre su estructura y funcionamiento.

El Psicoanálisis aparece como una respuesta a ese vacío, lo que le confiere el carácter de un descubrimiento muy importante: lo más específicamente humano, el Psiquismo y sus perturbaciones, podía llegar a tener la dignidad de ser pensable en términos científicos y no sólo abandonado a las opiniones de la religión, la magia y la superstición.

Es cierto que la gran literatura y la filosofía siempre conocieron al Hombre muy profundamente, con grandes intuiciones que podrían verse como los ilustres antecesores del Psicoanálisis (Freud se decía discípulo de los grandes poetas), pero su sistematización y organización en forma de una Teoría General, apenas llega con el psicoanálisis, con la aparición de un “médico-filósofo”, como lo habían presentido Nietzsche y Poe.

En el momento en que Freud no se precipita a diagnosticar y clasificar la histeria, y de ésta manera congelarla, sino que se detiene a escuchar qué dicen los pacientes sobre lo que les ocurre, en ese momento nace un campo de conocimiento completamente nuevo.  Pero limitarse a diagnosticar y clasificar la histeria era asimilarla a lo ya “sabido” – disturbio neurológico o simulación – con lo cual quedaba cerrado el campo de observación.

Freud no procedió así. Impulsado por su particular curiosidad científica, se dedicó a escuchar atentamente el relato;   es decir, le dio – podría decirse que por primera vez en la historia – validez y seriedad a las palabras del paciente;  tomó su discurso como algo digno de oírse y entenderse;  le dio un lugar a la palabra del paciente.  El oído de la Medicina no estaba capacitado aún para atender esta sintomatología.  Por eso, este sólo acto, por sí mismo, ya es muy notable como avance cultural.

Entonces su atención fue premiada con la posibilidad de observar un mundo maravilloso y complejo que siempre había estado allí, ofrecido a quien quisiera y pudiera leerlo.  Las primeras conclusiones no se hicieron esperar.

         Apoyado en la hipnosis y el método catártico (dejar  hablar y desahogarse al paciente) y apremiado por la necesidad de aliviar los variados síntomas de la histeria (parálisis, fobias, alteraciones de la conciencia, etc.) observó que éstos eran causados por acontecimientos penosos de  la  historia de los pacientes, que ellos no recordaban y sin embargo estaban en algún “lugar” ya que podían ser evocados en hipnosis, y en algún grado deducidos de las palabras del paciente.

         La idea de un nivel inconsciente en el psiquismo se le impuso entonces de manera indiscutible y como una necesidad de coherencia teórica.

         Igualmente pudo observar que los síntomas se aliviaban cuando en la hipnosis el paciente podía evocar fragmentos de su vida que habían sucumbido al olvido y que de alguna manera explicaban el síntoma.

         La idea de una historia “traumática” activamente olvidada pero presente de manera indirecta en los síntomas, y además recuperable bajo hipnosis, prácticamente impuso a Freud -  buen observador  - las nociones de inconsciente, represión, sujeto dividido entre consciente e inconsciente, nociones que demarcaron un campo nuevo de conocimiento que Freud habría de desarrollar poco a poco desplegando todo el potencial teórico que dichos conceptos fundadores encerraban.

         La observación minuciosa agregó nuevas ideas.  La investigación del material obtenido por hipnosis y por deducción indicó que las situaciones traumáticas subyacentes a los síntomas histéricos, habían tenido lugar en la infancia y que además tales situaciones en su mayoría se referían a problemas sexuales, concepto éste que resultó inquietante y que impuso también la noción teórica de sexualidad infantil, inédita en la ciencia pero conocida empíricamente por el saber popular, que llegó a producir nuevas teorías sobre el desarrollo de la libido.[1]

         Y así, unos conceptos fueron llevando a otros porque estaban concatenados a través de relaciones lógicas internas que correspondió a Freud recoger y armar con ellos la Teoría Psicoanalítica.

         La observación de todos estos fenómenos llevó a Freud a pensar que las situaciones patógenas resultaban traumáticas, en buena parte, porque ocurrían en la infancia, época en la que la capacidad de elaborar y ordenar las vivencias conflictivas, era fácilmente sobrepasada.  Lo cual quiere decir que las situaciones de conflicto extremo no hallaban resolución posible y el YO recurría entonces a la represión enérgica para alejarse de algo que, por no poderse resolver, resultaba traumático.  Pero lo reprimido no quedaba inerte sino que desde su propia fuerza, retornaba por el único camino posible: el atajo de los síntomas.  Esa conexión fue una de las primeras observaciones magistrales de Freud.

         Esta conceptualización dinámica del problema de la neurosis mostró a Freud el camino de la cura.

         En los comienzos, se ilusionó con la hipnosis porque ésta, al ampliar la memoria, permitía el acceso “directo” a las situaciones patógenas reprimidas, pero  el  paciente   difícilmente   reconocía   como  propio  ese  material   extraído “artificialmente”, es decir,  sin pasar por una transformación en el YO de aquellas circunstancias que habían determinado la represión.  Era algo forzado y artificial.  La hipnosis no curó la histeria pero hizo posible el Psicoanálisis.

         Una vez más, la fina observación reorientó sus investigaciones.  Gracias a la hipnosis ya sabía con certeza que había un material reprimido causante de los síntomas y que era importante que ese material llegara a la conciencia;  pero la vía hipnótica ya estaba descartada.  Para Freud los pacientes tenían que saber de lo reprimido, de alguna manera.  Notó entonces que en las palabras del paciente había referencias indirectas y abundantes a lo reprimido, y se impuso la tarea de rastrearlas.  Para ello observó que tenía que atender por igual a todo lo que el paciente dijera pues no sabía por dónde aparecerían las referencias a ese material.  Concretó esa actitud en un procedimiento que llamó asociación libre, que empezó a exigir a los pacientes para poder tener acceso a todas sus producciones, ya que también observó que el paciente escogía las asociaciones según determinadas conveniencias.  Pidió que no seleccionaran, que lo dijeran todo.

         Pero sobrevino una importante dificultad, no prevista, que obligó a ampliar la teoría, a saber más cosas sobre el asunto.

         Las primeras investigaciones daban la impresión de que los traumas reprimidos eran trozos de historia de contenido preciso que simplemente habían sido retirados de la memoria pero podrían volver a ella y ser evocados como textos perfectamente inteligibles y reconocibles.  La hipnosis, y lo que se podía hacer con ella, sin duda contribuyó a dar esa impresión.

         Pero las observaciones ulteriores permitieron conocer más de cerca la naturaleza del material reprimido.  En realidad no eran recuerdos concretos que pudieran ser evocados por un esfuerzo de la memoria sino un conjunto complejo de vivencias penosas, ideas fragmentarias, terrores y recuerdos parciales dispersos e inconexos.  No era pues algo debidamente articulado y después olvidado, que pudiera ser fácilmente reintroducido en el hilo de la historia consciente y lógica del sujeto.  Era el estado de dispersión y fragmentación en que quedaron vivencias fuertes de alto contenido traumático que no pudieron ser ordenadas y elaboradas en su momento por un YO indefenso y sobrepasado.

         Se encontró así, que no se trataba tanto de evocar un recuerdo, sino más bien de reconstruir una situación, y muchas veces de construirla, a partir de los elementos dispersos.  Freud lo intuyó desde el principio al tratar de deducir muchas cosas a partir de las asociaciones libres.

         El material reprimido quedaba pues, no sólo olvidado, sino en un estado muy diferente al de un texto corriente que pudiera ser alcanzado por la capacidad de hablar del analizado.  Quedaba desarticulado, y sus elementos unidos por una lógica muy diferente a la del pensamiento consciente, y más parecida a la lógica que arma los sueños.

         De allí que lo reprimido quedara, no solamente olvidado, sino inaccesible a la palabra del paciente;  por su naturaleza, quedaba perfectamente por fuera de ella.  Inicialmente Freud no lo tenía muy claro y por eso su esfuerzo se dirigía específicamente a “llenar las lagunas de la memoria”.  Poco a poco supo que se trataba más bien de un largo camino de reconstrucción y construcción durante el cual la palabra del paciente iba cobrando más y más eficacia para poder ir recuperando su material para la  lógica coherente de la conciencia y finalmente llegar a reconocerse en esa historia reconstruida.  Con lo cual, lo disperso y otrora traumático puede recibir una nueva elaboración y ordenamiento, es decir, una resolución

De las dificultades para realizar este trabajo surgió un concepto que llegó a ser otro pilar fundamental de la arquitectura teórica del Psicoanálisis y que ha sido objeto de estudios e investigaciones que hoy no cesan.  Freud observó que la relación médico-paciente era fundamental – y no sólo por las razones iniciales de sugestión y ayuda – sino por otras que se han ido precisando más y más.  Tal relación constituye una especie de escenario actual, de soporte donde el paciente pueda imaginar cómo fueron las cosas en otras relaciones vagamente intuidas, y así el “material” reprimido encuentre la posibilidad de ser organizado y tomar forma de texto inteligible.  Es decir, que la relación médico-paciente es esencial como substrato actual, como soporte vivencial y actual indispensable para el trabajo de reconstrucción y construcción necesario para que el material “reprimido” tome la forma de texto legible en el que el paciente pueda reconocerse y reconocer la coherencia del hilo de su vida.

No se puede reconstruir una historia en el vacío, abstractamente.  Es menester hacerlo sobre la base de una relación viva y actual, máxime que los “traumas” nacen precisamente en el seno de relaciones vivas.

A ese fenómeno fundamental, Freud llamó Transferencia.

Como puede apreciarse, el problema resultó ser más complejo que recordar una escena traumática debidamente estructurada como un texto claro y preciso.

         Para lograr estos desarrollos y progresos, Freud recorrió un largo, difícil y apasionante camino de 40 años  -  que hoy continúa en nuevas manos  -  durante el cual se fue construyendo la Teoría del Psicoanálisis.

         El Psicoanálisis hace su gran entrada en el siglo XX, en sus meros comienzos, con la publicación de la obra maestra de Freud, “La Interpretación de los Sueños”.  Y este siglo  y el siguiente, llevarán su marca.

                                                                  Alfredo Reyes C.
                                                                 





[1]
           Bajo la mirada penetrante de Freud, los síntomas histéricos aparecieron como trastornos de la sexualidad. Con la radicalidad propia de su pensamiento llegó a formularlo desde el comienzo en una forma asombrosa: “los síntomas histéricos son satisfacciones sexuales sustitutivas”, sin importar el escándalo que dicha afirmación pudiera provocar. A través de los síntomas Freud descubrió la Sexualidad, pero no sólo como Etiología sino la Sexualidad Humana misma. Ésta había permanecido en la oscuridad científica por siglos y siglos, ignorándose así nuestra pertenencia a la Especie Humana cuya necesidad primordial es su propia conservación, y la fuerza que la garantiza es la poderosa Sexualidad, que funciona y nos acciona queramos o no.  De esta manera Freud, de paso, le da lugar científico a lo que el desdén propio del Narcisismo humano ha llamado siempre “la parte animal del hombre”. Las alteraciones de esta “parte”, debidas en buen grado al hecho de ignorarla, llamaron la atención de Freud cuyo desciframiento hizo posible la Teoría Psicoanalítica.
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* Hoy, viernes, 12 DE JULIO, 6:00 P.M. En Cali
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CONFERENCISTA: ALFREDO REYES (Foto , centro izq.), PSICOANALISTA. 

CELEBRACIÓN DEL CUMPLEAÑOS DE OSCAR ESPINOSA RESTREPO (Pintura, Izq.) , PSICOANALISTA. 

Ambos VINCULADOS A LA FUNDACIÓN DEL PSICOANÁLISIS EN LA CIUDAD DE CALI. 

PROGRAMA COMPLEMENTARIOPOEMAS DE LEÓN DE GREIFF, MONTAJE DE VÍCTOR PEÑA. 
PIEZA MUSICAL DEL MAESTRO ANTONIO MARÍA VALENCIA, A CARGO DE AMARANTA CEDEÑO.
COPA DE VINO PARA EL BRINDIS.

Sobre el de la foto de la derecha: http://www.freud.org.uk/

Invitan : La Fundación y Eduardo Botero Toro , psicoanalista, (foto . centro der) . 

Lugar: Biblioteca Departamental Jorge Garces Borrero Cl. 5  # 24 A-91, Cali, Colombia . View Map · Get Directions . Entrada libre.  


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martes, 9 de julio de 2013

Cali, y "su" grito de independencia el 3 de Julio de 1810 ... . Por Germa´n Patiño y Luis Antonio Cuéllar. EL PAÍS, Cali / Historia por revisar ...

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Cali, y "su" grito de independencia el 3 de Julio de 1810 ... . Por Germán Patiño y 
Luis Antonio Cuéllar. EL PAÍS, Cali / Historia por revisar ... 
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NTC ... ACTUALIZACIONES Y SEGUIMIENTOS a JUNIO 3, 2014: 



De: javier tafur gonzalez 

Fecha: 2 de julio de 2014, 9:39
Asunto: Arenga de Joaquín de Cayzedo y Cuero, el 3 de Julio de 1810
Para: CCO  
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Queridos amigos:

Quiero compartir con ustedes estos importantes documentos * de la Historia
de Cali, es especial La Arenga de  Joaquín de Cayzedo y Cuero que precede
al Acta del cabildo del 3 de Julio de 1810, y aclara los motivos, alcances y 
propósitos que conducirán a la unión de las Ciudades Amigas del Valle del
Cauca y la guerra de Liberación de España.
 
Un saludo.
 
Javier Tafur González , http://tafurgonzalezasociados.org/ Miembro de Número de la Academia de Historia del Valle del Cauca
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Al Margen

De German Patiño

German Patiño
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En EL PAÍS, Cali, ... 

Días de lucha
Cuando esta columna aparece en cercanías del 3 de julio se vuelve un ritual casi obligado: debe controvertir a los malos historiadores que crearon un mito según el cual en Cali se proclamó la Independencia el 3 de julio de 1810.
Hay que decirlo una vez más: en esa fecha no se produjo ninguna declaración de independencia de España por parte del cabildo caleño y tampoco de su presidente, Joaquín de Caicedo y Cuero. Por el contrario, lo que se reafirmó fue la lealtad a la corona española y al “bienamado” rey Fernando VII, como se puede leer textualmente en el acta que da cuenta de lo sucedido en la sesión extraordinaria de ese día.
¿De dónde salió entonces la especie que todos los años congrega a autoridades alrededor de la celebración de una supuesta ‘independencia’, que nunca fue? Del hecho de que la declaración del cabildo de Cali en su sesión extraordinaria del 3 de julio se embolató en el archivo nacional y también a que no se conservó en el Archivo Histórico de Cali, circunstancia que fue aprovechada por algunos aficionados a la historia que, henchidos de amor por su patria chica se la imaginaron como ‘precursora’ de la independencia en Colombia, y se dieron a la tarea de propalar aquella suposición por todos los medios, sin que nadie se atreviera a controvertirlos.
Como el acta del 3 de julio estuvo perdida 180 años, hasta que el historiador José Tomás Uribe la encontró en el Archivo Nacional y además quienes sostenía la barbaridad de la ocurrencia de un movimiento independentista eran personas respetables agrupadas en la academia vallecaucana de historia, nadie tuvo el coraje de dudar de aquellas afirmaciones estrambóticas, con excepción de este columnista y unos pocos historiadores más.
Desde luego, cuando apareció el Acta, los sostenedores del mito lo primero que hicieron fue dudar de su autenticidad y pidieron la realización de pruebas técnicas para certificarla. Hechas las pruebas que garantizaban la veracidad del documento, y pese a que pone en evidencia que no hubo tal “grito de Independencia en Cali”, no han tenido hasta ahora la decencia intelectual de reconocer el error en el que incurrieron durante años y continúan propalando falsedades alrededor del proceso de independencia en Cali y el Valle del Cauca.
Su visión de la historia es clasista y busca entronizar en el panteón de próceres a personajes que pertenecieron al reducido grupo social de hacendados esclavistas, fieles a la corona española y serviles adoradores del monarca español, Y lo siguen haciendo pese a la evidencia documental, que es abrumadora, con una tranquilidad que hace dudar de que estén en sus cabales.
De paso desconocen los esfuerzos de otros poblados, en especial de Mompox, que fue la única ciudad de lo que hoy es Colombia que declaró la independencia absoluta de España y de cualquier potencia extranjera, el 6 de agosto de 1810. El hecho lo reconoció Simón Bolívar, en su momento, y bastante después el general Tomás Cipriano de Mosquera.
Cali lo que hizo fue una declaración de autonomía provincial en el marco de la fidelidad al rey y a España, que fue importante, pero no era la independencia.
Una buena acción de gobierno, para restablecer la verdad histórica tantas veces maltratada, sería distribuir en colegios oficiales y privados el texto del acta de la sesión del cabildo de Cali del 3 de julio de 1810, que todos debiéramos conocer.
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La revisión
Celebro que el Presidente de la Academia de Historia del Valle, Luis Antonio Cuéllar, se haya ocupado de mi columna relacionada con los sucesos del 3 de julio de 1810 en Cali.
En especial porque él concluye: “Que no hubo Grito de Independencia en el Acta (del 3 de julio), estamos de acuerdo”. ¡Bravo!, aunque se trata de algo obvio, basta leer el texto del acta del 3 de julio para enterarse y llegar a esa conclusión sin mayor esfuerzo. Lo más importante, sin embargo, está por venir: revisar los escritos de los académicos que dieron origen a esa mitología independentista, comenzando por la obra de Demetrio García Vásquez. Al menos el Presidente de la academia, luego de aceptar que no hubo tal grito de independencia en Cali el 3 de julio de 1810, está obligado a ello.
Entre otras cosas porque él, en su escrito, desliza una sospecha, o mejor, plantea una hipótesis que no prueba, según la cual, los cabildantes de Cali en 1810 no se atrevieron a declarar la independencia por temor a represalias de las autoridades españolas. Ellos querían la independencia, pero temían por su vida y la de sus familias. Habría sido “una insensatez temeraria”, afirma.
Pero la verdad es que luego de la batalla del Bajo Palacé, rota toda posibilidad de entendimiento con el gobernador Tacón, tras varios muertos y abundante sangre de por medio, los criollos de Cali y el valle del río Cauca continuaron jurando fidelidad a Fernando VII, lealtad a la Corona y adhesión a España. Así consta en todas las actas suscritas por la Junta de Ciudades Confederadas. Y en el testamento de Joaquín de Caycedo, escrito en Pasto antes de su fusilamiento, él proclama que siempre fue y que morirá siendo realista y fiel a Fernando VII. Quedan, además, muchas de sus cartas para confirmarlo.
Así que, en sentido estricto, batallas como la del Bajo Palacé no fueron una batalla por la Independencia, sino el enfrentamiento entre dos bandos realistas, unos de ellos autonomistas y otros ‘regentistas’, pero ambos jurando fidelidad a la corona española. Los que combatieron al gobernador Miguel Tacón se sentían “tan españoles como los hijos de Don Pelayo” como lo afirmó Camilo Torres en el Memorial de Agravios. Ellos buscaban acceder a los privilegios y prerrogativas que estaban reservadas para los nacidos en la Península, pero querían seguir ligados a España, pues se sentían españoles y no criollos.
Ahora bien, este malestar de los descendientes de españoles nacidos en América y su oposición a los funcionarios de la Corona, fue importante para la Independencia, pues quebró la unidad de mando del imperio español en América. El dominio de los españoles no se fundaba en el mantenimiento de un ejército de invasión, sino en la lealtad de los descendientes de españoles que conformaban la élite social y económica de los virreinatos.
El malestar de esta élite que, para nuestro caso comenzó en Quito en agosto de 1809, siguió en Tuluá en septiembre de 1809 (aquí no fue la élite sino dos humildes afrodescendientes), continuó en Funes (Nariño) y Tumaco, luego pasó a Cartagena en junio de 1810, Cali el 3 de julio, El Socorro poco después, hasta llegar a Santa Fe el 20 de julio, tomó la forma de movimientos autonomistas, en los que ni se declaró, ni se pensaba en declarar Independencia alguna.
Me alegra el acuerdo sobre esta materia, así haya muchas otras cosas de nuestra historia por revisar. Ya habrá oportunidad de hacerlo.

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